Padres
emocionalmente inteligentes – Lectura recomendada
Patricia López de
Luciano – Asesoramiento Psicopedagógico
Los tres ingredientes principales y básicos son:
empatía, sentido común y sobre todo
mucho, mucho amor.
Ponerse siempre en el lugar de su hijo, llegar a
sentir como siente él (empatía), tratar de ser lógico, no dejarse llevar por el
dramatismo, ni por los demás. Ser consecuente (sentido común) y sobre todo quererle, pero quererle… sin condiciones
(amor, puro y duro, el más difícil pero el mejor, el amor a los hijos)
Otros ingredientes:
Toneladas de Información:
Informe a su adolescente y manténgase informado. La adolescencia es a menudo una época para experimentar y a veces esto incluye comportamientos arriesgados. No eluda los temas relacionados con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; conversar con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se vea expuesto a ellos aumenta las probabilidades de que su hijo actúe deforma responsable cuando llegue el momento.
Informe a su adolescente y manténgase informado. La adolescencia es a menudo una época para experimentar y a veces esto incluye comportamientos arriesgados. No eluda los temas relacionados con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; conversar con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se vea expuesto a ellos aumenta las probabilidades de que su hijo actúe deforma responsable cuando llegue el momento.
Kilos de Respeto a su privacidad:
Para algunos padres esto es algo muy difícil.
Creen que todo lo que hacen sus hijos es asunto suyo.
Si existen señales de alerta que indican que puede
haber problemas, usted se podría ver obligado a invadir la privacidad de su
hijo hasta que llegue al fondo del problema, pero de lo contrario, manténgase
al margen.
Respete su espacio. El dormitorio de un
adolescente y sus llamadas telefónicas, mensajes, emails, deben ser algo
privado y no hay necesidad de que compartan con uno de sus padres todas sus
ideas o actividades.
Kilos de Supervisión pero sin tercer grado:
Todos los niños, adolescentes o no, requieren
supervisión de los padres y usted tiene derecho a saber dónde estará su hijo y
qué hace. Pero no espere que le dé todos los detalles ni que lo invite a ir con
él/ella.
Establezca la costumbre de que explique con quien
sale y dónde podríamos buscarle en caso de necesidad. Batería del móvil,
contestarlo…
Respetar su intimidad y sus silencios, sin
intentar hacerle hablar de algo que no quiera. No presionarlo y mantenerse
receptivos para que el joven sepa que puede contar con el apoyo de los padres.
Mucha cantidad de Escucha Activa:
Escuchar con atención lo que quieren explicarnos o
preguntar. Cuando hable con él, concéntrese en lo que dice. Hágale alguna
pregunta sobre lo que explica para demostrar que realmente se quiere enterar
bien. Y sobre todo nunca diga ”ahora no
tengo tiempo”.
Hablar también de lo que les interesa a ellos. Dar
tiempo para abordar los temas que nos interesan a nosotros.
Una pizca de Establecer de antemano reglas
apropiadas:
Sepa ceder y ser flexible. Si su hora de llegada
no es la que él quiere, trate de negociar. Si se porta bien, el aumentar la
hora de llegada puede ser un premio. Tenemos que fijar normas y límites pero a
través del diálogo para que nuestros hijos acepten y asuman compromisos. Tenga
previstas las sanciones.
Una pizca de Crítica + Elogios:
En primer lugar, la crítica y la corrección debe
combinarse con el uso frecuente de elogios. Es decir, debes ser capaz de ver
también lo que tu hijo hace bien y decírselo. Por muy desastre que te parezca
tu hijo, seguro que tiene también valores positivos que debes esforzarte en
reconocer. Además es necesario corregir con mucho cariño. Por tanto la crítica
debe ser serena y ponderada, sin precipitaciones y sin apasionamiento.
Cuidadosa, sin ironía, sin sarcasmo, como se corrige a un amigo.
Otro poco de Tomarlos en serio:
No tratarlos como seres inferiores que explican
cosas de las que estamos de vuelta. No sermonear…No aprovechar cualquier
ocasión para soltarles “el mismo rollo”.
No hacer comparaciones. Es importante evitar,
tanto cuando les hagamos propuestas como cuando los censuremos, ponernos a
nosotros mismos como modelos (“Yo a tu edad…”) o poner como ejemplo a otras
personas a(“Mira tu hermano como…”). Es injusto, ofensivo y un camino seguro
para conseguir su animadversión. En todo caso compáralo con él mismo (“Seguro
que lo conseguirás, como cuando hiciste…”)
continuará...
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